Plataforma Argentina contra la Impunidad

Estela Carlotto: "La sociedad debe dejar de ser cómplice de los delitos"

Viernes 1ro de octubre de 2004.

Cuesta creer que la señora segura y carismática que tenemos delante nuestro haya atravesado por tanto dolor e incertidumbre en las últimas décadas. La jovialidad y la determinación de Estela Carlotto, actual presidenta de la Asociación de Abuelas de la Plaza de Mayo, impactan desde el primer minuto. Con 73 años, Carlotto está más activa que nunca, gracias a la tenaz búsqueda de su nieto Guido, quien como tantos otros hijos de desaparecidos y víctimas de la dictadura militar argentina fue dado en adopción hace 26 años y del cual se desconoce hasta hoy su paradero actual.

Caminando juntas

Abuelas de la Plaza de Mayo, a poco de cumplir 30 años (fue fundada en 1977), sigue buscando nuevas vías de ayuda e investigación para encontrar a muchos de los bebés, hoy ya adultos, que fueron las víctimas más jóvenes e inocentes de la represión.

Carlotto llegó a la asociación luego de que su hija Laura Estela muriera acribillada en un centro de detención, donde nació su nieto.

"No estés sola, hay abuelas que están caminando, juntate porque te vas a sentir mejor y vas a poder hacer cosas", le aconsejó otra madre.

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Estela Carlotto

E. Carlotto durante su intervención en "las 141 preguntas para 141 noches" del Fòrum Barcelona 2004

Fotografía Ezequiel Paz - AHN


Comenzó así un recorrido que ha cruzado los límites de una plaza y las fronteras de un país. Tras enterarse de que el plan de la represión militar no mataba a los hijos de los detenidos, sino que los daban en adopción a otras familias, las abuelas comenzaron a cuestionarse cómo podían identificarse a esos niños para recuperarlos. Llegaron hasta Europa y Estados Unidos para indagar si se podía comprobar la identidad de un posible nieto mediante la comparación con la sangre de las abuelas. En 1983 un seminario en Nueva York probó que sí era posible reconstruir el mapa genético (ADN) de los padres desaparecidos con la sangre de los familiares aún vivos. "Alguien dice que fue el deseo de las abuelas el que impulsó la genética, en cuanto a lo que se usa ahora sobre la compatibilidad de sangre", afirma Carlotto.

Armadas con estos avances científicos, desde 1984 las abuelas comenzaron a presentar denuncias ante la justicia argentina, enfrentándose a muchos jueces "heredados de la dictadura" que no abrían causas o las demoraban. "Tuvimos que ir abriendo camino en el sentido jurídico y en el psicológico. Los psicólogos venían a colaborarnos y preguntaban cómo podían aprender a restituir un chico a su verdadera familia, porque eso era un fenómeno nuevo para ellos".

Víctimas de una dictadura que terminó

En palabras de Carlotto, la apropiación de esos niños es un delito que no sólo agravia a la víctima o a las posibles familias, sino a la sociedad en su conjunto. "Una sociedad que acepta semejante aberración es una sociedad enferma. Y la sociedad para poder curarse debe dejar de ser cómplice. No podemos aceptar que existan 500 chicos que no sabemos dónde están y dejar las cosas tal como están. Esos chicos son víctimas, son rehenes de una dictadura que ya terminó", afirma.

Más que restituir a una persona a su familia biológica, Abuelas apuesta por el derecho indiscutible de cada persona a conocer su verdadera identidad. Por esto, la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad ha abierto recientemente en el Consulado Argentino en Madrid un espacio formal de recepción y atención a los jóvenes que dudan de su identidad, personas que viven en España desde "vieja data" o que han emigrado a este país hace unos años a raíz de la falta de trabajo y de posibilidades en Argentina. Al parecer, algunos "apropiadores", por temor a que les quiten los hijos adoptados, se habrían mudado a España.

"En este momento estamos buscando hombres y mujeres que tienen entre 25 y 26 años. Mi nieto en estos días cumple 26 años. Entonces yo, si lo encuentro mañana, lo voy a querer ver, que me conozca, que sepa cuánto lo quiero sin haberlo visto nunca, que sepa quién fue su papá, su mamá... Pero después, dónde quiera vivir, con qué familia quiera quedarse, ya es una decisión personalísima de él", declara Carlotto, con la voz quebrada.

Un Museo de la Memoria

El 24 de marzo pasado se hizo realidad un sueño para los familiares de los desaparecidos: El centro clandestino de detención de la Escuela de Mecánica de la Armada se transformó en un lugar de memoria para las víctimas. Aquel día, Carlotto y otras abuelas se enfrentaron nuevamente con el dolor y el recuerdo.

"Entramos por primera vez en ese lugar, donde muchos prisioneros fueron eliminados, y donde nacieron muchos de los nietos que estamos buscando. Ese día marcó un antes y un después. A muchos no les gustó y están haciendo algunos gestitos de insolencia. Pero creo que la sociedad está conforme con que no haya olvido, que no exista impunidad y que se recomponga el tejido social que está tan dañado". Un comienzo de una verdad histórica necesaria, así considera Carlotto el establecimiento de este museo.

"Queremos que sea un museo donde los jóvenes que desconocen la historia puedan conocer la verdadera, con sus defectos y sus virtudes. Nadie quiere pintar a héroes, pues fueron (los desaparecidos) mártires, no dioses. Era gente que tenía ideas, las ejecutaba, se comprometía. ¡Gente que dio la vida, que es lo máximo que se puede dar!", expresa vehemente.

Por una juventud participativa

La tenacidad y la energía de las Abuelas quiere encontrar eco en las nuevas generaciones, porque no quieren que la historia se repita.

"Lo que yo les digo en mi país a los jóvenes es que participen, que no se queden quietos y que no acepten nada que no les convenga, para así corregir los errores del Estado; porque el Estado somos nosotros y porque si vos te quedás callado y ves pasar la historia, no tenés derecho a queja, porque no fuiste parte".

Los jóvenes que fueron detenidos, desaparecidos o muertos durante la época de la represión militar tenían, a juicio de Carlotto, un ideal que no fue posible en esa época, pero que el actual Gobierno argentino intenta recuperar.

"Kirchner es, para mí, la representación generacional de los que no están. Y como tiene ese convencimiento y esa voluntad política, lo está haciendo bien. Por supuesto, nada pasa milagrosamente, todo de golpe no se puede, pero él va abriendo el camino", declara Carlotto, antes de marchar hacia un encuentro con los visitantes del Fórum de Barcelona, en el que hablará sobre si el olvido ha de ser el precio de la paz. Pero, afirma, el olvido no es posible: "una madre nunca va a olvidar a su hija ni tampoco a los 30.000 desaparecidos".

Giselle Pérez García

Agencia Hispanoamericana de Noticias

Barcelona, junio de 2004


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