Plataforma Argentina contra la Impunidad
Justicia

Caso Mariani-Teruggi: un vecino vio que un policía se llevaba un bebé en brazos

Miércoles 12 de julio de 2006.

Oscar Antonio Ruiz vio desde una esquina cercana cómo un hombre vestido con ropa de fajina “llevaba en una mano una ametralladora y en la otra a un bebé tapado con una mantita”. También declararon familiares de otras víctimas del mismo operativo, ocurrido en noviembre de 1976 en la casa de calle 30. El próximo miércoles, a partir de las 10, el Tribunal realizará una inspección ocular en la vivienda, que aún conserva las huellas del bombardeo.

Oscar Antonio Ruiz, un vecino que vio el ataque a la casa Mariani-Teruggi desde la puerta de una casa cercana, declaró hoy ante el Tribunal que pudo ver cómo un policía se llevaba en brazos a un bebé y lo entregaba a otro miembro de la fuerza. El testigo contó que el operativo -del que participaron fuerzas policiales y militares- “fue un bombardeo, un terremoto”, y que no pudo ver nada más porque la misma persona que había acarreado el bebé luego lo obligó, a punta de pistola, a entrar otra vez a la casa.

Ruiz señaló que se encontraba en la casa de su hermana, en la esquina de 30 y 51, cuando comenzó el ataque a la casa de calle 30 entre 55 y 56, en donde vivían Diana Teruggi, Daniel Mariani y la hija de ambos, Clara Anahí, de tres meses de edad. “Sentí un bombardeo a la hora de la siesta, con balas y bombas -recordó hoy ante los jueces-, parecía un terremoto”.

El testigo relató que permaneció parado en la puerta de la casa, observando el despliegue de fuerzas militares y policiales que atacaban la vivienda, en la que en ese momento estaban Teruggi y su pequeña hija, y al menos otros tres amigos: Juan Carlos Peiris, Daniel Mendiburu Eliçabe y Roberto Porfidio.

La magnitud del operativo “me hizo presumir que se había liberado toda la zona”. De hecho, no sólo hubo una “zona liberada”, sino que del ataque participaron las máximas autoridades represivas de ese momento: entre ellos, el jefe de Policía Ramón Camps, el Director de Investigaciones de la fuerza Miguel Etchecolatz -acusado en este juicio por el homicidio de Teruggi- y hasta el mismo titular de la comisaría 5º, Osvaldo Sertorio, dentro de cuya jurisdicción se encontraba la casa del matrimonio.

Ruiz contó que pudo ver cómo, a mitad del bombardeo, un policía “vestido con ropa de fajina” se alejaba de la casa en dirección a donde estaba él: “Llevaba en una mano una ametralladora y en la otra un bebé tapado con una mantita o una tela blanca”, recordó el testigo. El represor caminó hasta donde se encontraba un celular policial y entregó al bebé a otro integrante de la fuerza.

“Esta persona (la que llevaba al bebé) estaba muy nerviosa y miraba para todos lados”, describió Ruiz, y agregó que no pudo ver qué sucedió después porque, luego de entregar a la niña, el policía se volvió hacia él: “Me encaró, me puteó y apuntándome con el arma me obligó a entrar”.

Una quinta víctima

Durante las audiencias de hoy, cobró fuerza la hipótesis de que, en el ataque a la casa en la que fueron asesinados Teruggi, Porfirio, Peiris y Mendiburu Eliçabe, podría haber muerto una quinta persona, que hasta ahora no estaba identificada.

Ana María Bossio, hermana del desaparecido Alberto Oscar Bossio, declaró hoy ante el Tribunal que -según una versión que obtuvo en aquel momento- su hermano estaba también en la casa Mariani-Teruggi en la tarde del operativo, y que se habría suicidado en los techos de la vivienda.

La testigo relató que había tenido contacto con su hermano por última vez el 18 de noviembre de 1976, seis días antes del ataque. En ese encuentro, Alberto le había pedido que pasara por la casa de los Mariani a buscar unas cosas que le pertenecían “porque la casa estaba marcada”. Bossio señaló que en esos días no había podido cumplir con el pedido de su hermano, ya que estaba con un embarazo muy avanzado.

El 24 de noviembre a la tarde fue acompañada de su tío a la casa de calle 30, para retirar las cosas de su hermano, sin saber que las fuerzas represivas acababan de bombardear la vivienda. Cuando llegó, ya parecía no haber nadie: la casa “estaba destruida y todavía había olor a pólvora”. Cuando se acercó a la casa, la detuvo un hombre, de quien sólo pudo decir que tenía acento italiano, que salía del frente de la casa.

El hombre le advirtió que se alejara del lugar “porque están viniendo de la Policía y del Ejército a llevarse cosas”. “Esa persona fue la que me dijo, cuando le describí a mi hermano, que durante el tiroteo él se había subido al tanque de agua y, al grito de ‘Viva Montoneros’ se había pegado un tiro en la boca”, rememoró Bossio.

Este dato se conecta con la información brindada la semana pasada por “Chicha” Mariani, quien contó que, cuando pudo acceder a las partidas de defunción de su nuera Diana y de sus compañeros asesinados, había una quinta partida, que correspondía a alguien que también había muerto en el ataque pero que no había sido identificado. A partir del testimonio de Ana María Bossio, se especula con que esa persona podría haber sido Alberto Bossio.

Luego de relatar lo que pudo saber de la muerte de su hermano, Ana María Bossio también habló brevemente sobre su esposo, Leonardo Guillermo Miceli, quien permanece desaparecido. Leonardo fue secuestrado el 19 de abril de 1976, por un grupo de tareas que integraba, entre otros, el represor Carlos “El Indio” Castillo, un civil que colaboraba con la represión ilegal desde la Concentración Nacional Universitaria (CNU).

Tiempo después del secuestro, y a partir del dato que le dio un conocido, Bossio y su padre fueron a la comisaría 4º de Avellaneda, pensando que Miceli podría estar detenido en esa dependencia: los policías le dijeron que allí no había nadie alojado, pero que tenían “unos cuerpos que habían encontrado” veinte días atrás. Ana María no quiso ver las fotografías de los cadáveres, pero su padre reconoció, entre los cuerpos de los asesinados, al marido de su hija. La familia pudo recuperar el cuerpo, pero recién un mes después, tras una larga serie de trámites, cuando Leonardo Miceli estaba a punto de ser enterrado en una fosa común en el Cementerio de Avellaneda.

Familiares de Peiris y Porfidio

En tanto, y también en el marco del caso del homicidio de Diana Teruggi, declararon dos familiares de otras de las víctimas asesinadas en la casa de calle 30 el 24 de noviembre de 1976.

Florencio Gabriel Quiroga, cuñado de Roberto Porfidio, contó lo que pudo saber acerca de ese operativo, del que se enteró tiempo después. La hermana del testigo, Mariana Beatriz Quiroga, estaba casada con Roberto, y ambos tenían una pequeña hija, María Cecilia. Hoy, Quiroga contó que su hermana fue secuestrada el 20 de octubre de 1976 -y permanece desaparecida-: desde ese momento Porfidio tuvo que comenzar a ocultarse, junto a su beba, en distintas casas de amigos y compañeros de militancia. Solían refugiarse en la casa del matrimonio Mariani, pero aquel 24 de noviembre Roberto estaba allí sin su hija.

El testigo indicó que, luego del asesinato de Roberto, María Cecilia fue recuperada por la familia. Quiroga también recordó a otro familiar suyo desaparecido: su hermano, Jorge Osvaldo, fue secuestrado en La Plata el 14 de septiembre de 1979. Jorge había podido salir del país escapando de la represión, pero ese año volvió a Argentina en el marco de la llamada “contraofensiva” de la organización Montoneros: fue secuestrado pocos días después de su regreso.

Por otra parte, también declaró el hermano de Juan Carlos Peiris, otro de los asesinados en la casa Teruggi-Mariani. Mauricio José Peiris se enteró cómo murió su hermano 28 años después de su asesinato: la familia vivía en Bahía Blanca y había perdido contacto con Juan Carlos desde que él se mudó a La Plata, luego de un violento allanamiento de las fuerzas de seguridad en su casa, a comienzos de 1976.

La familia asumió que Juan Carlos había sido secuestrado: “Me ocupé de buscarlo, pero se hizo imposible conseguir algo”, narró hoy su hermano, y añadió que luego de un tiempo dejó de hacer gestiones sobre su paradero “porque me debí enfrentar a situaciones que me hicieron temer por la seguridad de mi familia”.

Pasaron 28 años hasta que pudo saber qué había pasado con él. Un amigo suyo comenzó a alentarlo para que retomara la búsqueda de datos sobre el destino de Juan Carlos, y fue así que, hace dos años, dio con una declaración de María Isabel “Chicha” Chorobik de Mariani: allí, la abuela relataba el episodio en el que había sido asesinada su nuera Diana y secuestrada su nieta Clara Anahí. Al leer ese testimonio, Mauricio se enteró de que Juan Carlos había estado también en esa casa cuando fue atacada, y “que había muerto allí, acribillado a balazos”.

Inspección ocular en la casa Mariani-Teruggi

El próximo miércoles, el Tribunal realizará una inspección ocular en la vivienda de calle 30 entre 55 y 56, en donde se produjeron los asesinatos. Ese día, a partir de las 10, los jueces, fiscales y querellantes recorrerán la casa del matrimonio Mariani, en donde hasta hoy permanecen las huellas del bombardeo de noviembre de 1976: los agujeros de balas en las paredes, los huecos abiertos por las tanquetas y los restos destruidos del lugar en donde funcionaba una imprenta oculta.


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